Sin embargo, hay que decir que el fenómeno decreciente en materia de boxeadores es de vieja data. Una estadística seria, veraz, aparecida hace ya más de 40 años, indicaba que en 1920 había en EE.UU. más boxeadores que en los años 50. ¿Cómo era ello posible en un país que aumentaba vertiginosamente su población? Ciertamente, el decrecimiento de pesos completos de raza negra que hay ahora mismo en ese país no tiene explicación para muchos. Pero tiene que haberla, que otra cosa es que no se haya investigado el caso a fondo.
Hay una que nos parece más creíble que todas y que tiene que ver con la divulgación enorme que se ha hecho de los efectos tan lesivos cerebralmente que produce el boxeo. Cuando eso se divulgó en los años 50, la juventud blanca se espantó y huyó del boxeo. Pero a la juventud de color poco le importó, pues quería intervenir en un deporte que reportaba grandes ganancias económicas. Y los negros siguieron dominando las 3 más altas divisiones del boxeo, sin tener las amenazas que divulgaban los científicos, hasta cuando llegó el caso lacerante de Alí, que sí impresionó grandemente a la juventud de color, que empezó de inmediato a coger para béisbol, baloncesto y otros deportes en menor medida.
Hoy el ranking mundial de peso completo, el mismo que durante 70 o 75 años dominaron los estadounidenses en un 90%, acusa esas deserciones norteñas. Blancos y negros han desertado casi que por igual. Y, claro está, el casillero lo maneja Europa. Ahí tenemos a esa pareja de paquidermos que son los hermanos Vitali y Wladimir Klitchsko, un par de ucranianos que no hay quien los desbanque, ya que ambos son campeones mundiales de peso completo. Bueno, completo no es palabra, pues el uno pesa 285 libras y tiene 2.13 de altura, y el otro anda por ahí, siguiéndole el trote. Se ven invencibles, pero no son ídolos, falencia descomunal en el negocio del boxeo. Y punto final.
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